esta es la primera foto que me encontré de Kim sin saber quién joracas era
Básicamente pasó esto: estaba buscando imágenes para el blog, en esa modalidad que parece inocente pero es peligrosa porque empezás con “quiero una foto que acompañe el post” y terminás con veinte pestañas abiertas, un mate lavado y una sensación de “¿quién me mandó a vivir así?”. O sea: estoy buscando imágenes para un post cualquiera, de esos que arrancan inocentes y terminan en “¿por qué estoy leyendo esto a las 3 AM?”. Tecleo dos palabras, scrolleo, abro una pestaña, cierro otra… y pum: oooooooootra vez una foto de 𝐊𝐢𝐦 𝐉𝐨𝐧𝐠-𝐮𝐧. Ké onda loco, eh? Y en una de esas, de la nada, me aparece. No como noticia, no como análisis, no como “mirá qué pasa en Corea del Norte”, sino como imagen suelta, atravesada, fuera de contexto, como si el buscador te metiera un cartel raro en mitad de una ruta. Y lo peor es que no era siempre “Kim serio líder mundial”, no: un día te lo encontrás todo glitter, medio drag queen, con maquillaje imposible, pestañas inventadas, como si Pinterest tuviera una sección secreta llamada “dictadores intervenidos”; otro día aparece con un traje ridículo, caricaturizado, editado, convertido en sticker, en meme falopa o en póster irónico para gente que colecciona rarezas visuales. Yo sigo con la mía, cambio de palabras, busco otra cosa, vuelvo otro día, y el tipo vuelve a aparecer. Y vuelve. Y vuelve. Y vuelve. Y ahí te pasa eso que te pasa cuando algo se repite demasiado: no es paranoia ni mística, es simple fastidio curioso. Tipo: “listo, ya está, ¿quién es este señor y por qué se me mete en búsquedas que no lo están llamando?”.
Entonces hago lo que hacemos los seres humanos cuando algo nos "persigue"/stalkea mi algoritmo (paranoia?): empiezo a investigar, pero no desde el lugar solemne de “voy a entender la historia mundial”, sino desde el lugar cotidiano de “che, ¿qué carajo hace esta cara en el mismo ecosistema donde yo estoy leyendo sobre Bitcoin, exchanges, wallets y toda esa fauna?”.
Y ahí aparece lo básico, lo introductorio, lo que va primero: Kim Jong-un es el líder de 𝐂𝐨𝐫𝐞𝐚 𝐝𝐞𝐥 𝐍𝐨𝐫𝐭𝐞, sube al poder alrededor de 2011 cuando muere su padre, y desde entonces su figura funciona como emblema de un país hermético, militar, sancionado, y medio construido a base de propaganda coreografiada. Hasta ahí, geopolítica clásica: amenazas, titulares, pruebas militares, fotos raras, ceremonias gigantes, ese clima de “esto no se entiende del todo porque no te dejan mirar”. (Y yo, mientras tanto, creyendo por años que “dictador” era un pack latino básico —Maduro, Castro, Chávez— y listo, gracias por participar. Qué ilusa. A éste, o me lo tenían escondido, o me lo cuidaban como personaje premium, o directamente la comunidad cripto me lo trae servido como diciendo: “tomá, te faltaba este en tu colección”.)
Pero lo que me interesó no fue el MAQUILLAJE GLITTER DRAG... (o sí... porque ademas manejo un servicio de stand de glitter que es mi otro emprendimiento y dije: ¿será hipoalergénico ese glitter gel?) de la imagen, sino el cruce: ¿por qué, cuando te metés en cripto, aparece Corea del Norte como si fuera un personaje secundario que no pediste pero te bizarrea la escena?Y ahí es donde el asunto se pone concreto y, a su manera, elegante en lo horrible: a Corea del Norte no la mencionan en cripto porque estén “innovando”, ni porque sean “visionarios”, ni porque Kim sea un maxi de Bitcoin guardando satoshis en una cold wallet con forma de misil. La mencionan por algo mucho más práctico: necesitan guita y necesitan mover valor sin pasar por el sistema bancario tradicional, porque el sistema tradicional es una jaula con candado y multa. Entonces, si te cerraron las puertas de la banca global con sanciones y controles, lo que te queda es encontrar cañerías alternativas, y cripto —cuando lo usás sin romanticismo— es eso: cañería. Peeeeero… lo que me empezó a picar de verdad no fue la teoría, sino el mecanismo: qué hacen exactamente, cuál es la trampa, y a quién están cagando.
Y ahí aparece el nombre que se repite como un mal rumor técnico: 𝐋𝐚𝐳𝐚𝐫𝐮𝐬.
Un grupo de hackers al que se vincula hace años con operaciones norcoreanas, especialmente cuando hay choreos grandes en el mundo cripto.
La lógica que se describe es casi siempre la misma, y por eso da escalofrío: atacar plataformas, robar activos digitales, y después hacer el trabajo sucio de esconder el rastro moviendo fondos por mil lados, cambiando de cadena, usando puentes, mezclando, fragmentando, rearmando, hasta que esa plata deja de parecer “robada” y pasa a ser “plata que circula”.
No es magic. Es logística amoooorsh.
Es lavar, pero en versión blockchain: todo queda escrito y al mismo tiempo todo puede volverse ilegible si tenés paciencia, herramientas y un equipo que se dedica a eso como si fuera un ministerio… un ministerio de cryptotránfugas, básicamente, que encima le afanan a la propia comunidad cripto y después se van silbando bajito.
Entonces de pronto entendés por qué Kim te aparece cerca de cripto aunque no sea “del mundo cripto” en el sentido pop que la gente imagina.
No aparece como el transhumanista Musk diciendo pavadas y siniestradas sobre neuromodulación, ni como un fundador dando entrevistas, ni como un gurú vendiendo cursos, sino como lo que es: la cara visible de un Estado que, acorralado por sanciones, usa cualquier cosa que funcione para conseguir oxígeno. Y cripto, en ese tablero, no es “libertad financiera”, no es “revolución”, no es “comunidad”, no es “futuro”; es la ganzúa digital para esquivar controles, mover valor y financiarse a los codazos, afanándole al ecosistema y pasando la gorra con guantes puestos mientras el resto del mundo le cierra la canilla.
Kim Collectables: gafas pixel y código de barras
Kim Collectables: máscara colgante G.O.D
Kim Collectables: GOOD GOD
Lo más incómodo de todo —y esto es lo que a mí me parece realmente jugoso y per-versito morboso para contar— es que este cruce te arruina las explicaciones infantiles.
Porque te obliga a aceptar que cripto no es un cuento moral. No es “buenos y malos”. Es infraestructura. Y la infraestructura la usa el que puede: el que quiere escapar de la inflación, el que manda remesas, el que arbitra, el que ahorra, y también el que roba, el que lava y el que financia un Estado sancionado.
Es la misma autopista. La diferencia está en quién maneja, con qué patente, y si en el baúl lleva una valijita prolija o directamente un fiambre envuelto en nylon y la radio prendida para disimular.
Cripto explicado sin caricias y con material usable.Cripto para usar (no para fantasear).Cripto sin verso y con herramientas.Cripto para dejar de adivinar y contar con material de verdad.
Comentarios