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Lo Que Arde

¿600.000 BTC en la guantera? El rumor más caro del show Maduro

Actualizado: 7 ene

Ilustración satírica estilo póster: cinco líderes políticos caricaturizados en un escenario teatral con cortinas rojas y pantallas de gráficos; en el centro, un hombre con bigote, venda negra en los ojos y esposas levantando los brazos, con un dispositivo colgado que dice “630,000 BTC”; a la izquierda, un showman maquillado y con vestido brillante señala mientras sostiene una cartera que dice “200 MILLONES” y flotan íconos cripto; a la derecha, dos líderes observan (uno con tablet) y otro al fondo con brazos cruzados; humo y luces dramáticas, texto “EL SHOW GLOBAL / PAGO EN BACKSTAGE”.


Mientras medio mundo se pelea por el guion “liberación vs. secuestro”, el universo cripto hace lo que mejor sabe hacer: aparecer sin pedir permiso. En círculos de mercados de predicción empezó a circular una versión deliciosamente tóxica: que Venezuela habría juntado, en modo fantasma, entre 600.000 y 660.000 BTC desde 2018. Si eso se acercara a la realidad, no sería un detalle: sería un monstruo de USD 54-60 billones y un pedazo del supply total de Bitcoin. El tipo de cifra que te obliga a parpadear dos veces y revisar si todavía estás en este planeta.


(iuuupppiiiiiiiiiiiiiiii obvio que iba a aparecer cripto en este circo Trump–Maduro: yo ya lo olía. Si antes el rumor era “200 millones”, esto suena a “200 millones + el bonus track en stablecoins”, porque cuando la geopolítica se pone teatral, siempre hay alguien cobrando backstage… y casi nunca es en billetes prolijitos)




Esto arrancaría como arrancan los episodios caros: un tipo que cae, cámaras que aparecen mágicamente, y el planeta entero actuando como si no estuviera mirando… mientras lo mira con pochoclo moral. No sería geopolítica, sería una mudanza: los que mandan entran con cinta de embalar, y los demás hacen silencio para no salir en la foto. El poder no entraría diciendo “venimos a discutir soberanía”; entraría con el tono de correo privado: “hola, vengo por el paquete, firmá acá”. Y cuando alguien firma, el mundo descubre que la historia a veces se resuelve como un trámite: sello, traslado, y a otra cosa. El show no es que todo sea falso: el show es que lo real viene editado.



Y ahí aparecería el verdadero protagonista: la guita que no camina, se teletransporta. La que no sale en cadena nacional pero deja olor a plástico nuevo y teclado caliente. Esa guita que, cuando la buscás, siempre está “en tránsito”, como los paquetes cuando ya sabés que te cagaron.




La hipótesis que se rumorea no sería “Venezuela compró Bitcoin como El Salvador” ni “Maduro se volvió cypherpunk por iluminación espiritual”

Sería lo opuesto: sanciones, cierres, bloqueos, y un país buscando ductos alternativos para cobrar, pagar, mover valor y esquivar el manotazo. En ese pantano, USDT no sería “innovación financiera”: sería el billete de kiosco del apocalipsis. La monedita que se pasa por debajo de la puerta. La forma más moderna de hacer lo más viejo: “tomá, callate, seguí”.



La versión más picante diría que el BTC habría salido de una receta de brujería administrativa: oro (o tungsteno bañado en oro (?, ese cosplay de lingote que en los pasillos siempre aparece como rumor con olor a estafa) que muta en cripto, petróleo que se cobra en stablecoins como si fuera delivery y minería doméstica que “misteriosamente” cambia de dueño cuando aparece un señor con uniforme y ganas de quedarse con tu enchufe. Si esto se confirmara, no sería “una estrategia”: sería el manual de supervivencia de un régimen en modo cucaracha nuclear.



Y después viene el numerito que te rompe el vidrio: 3% del supply. Tres por ciento suena poco hasta que te das cuenta de que, en Bitcoin, 3% es como tener una ballena viviendo en tu bañera y pretender que es un patito. 630.000 BTC no sería un “stash”: sería una luna privada. Un objeto celeste con seed phrase y custodia emocional. Una de esas cifras que no se cuentan: se susurran, porque si las decís fuerte te miran raro.



Si Washington oliera algo así, no mandaría tanques: mandaría carpetas. El verdadero ejército sería un buffet de abogados con hambre. Manhattan se volvería un tablero de Monopoly, pero en vez de casitas y hoteles te ponen cautelares, decomisos, y un “nos vemos en 2032” dicho con sonrisa dental.

El petróleo sería el capítulo 1 la custodia, el capítulo eterno



Y si en el mapa aparece Alex Saab (el ‘abogado de Maduro’, ese que la gente nombra cuando aparece plata que no debería estar… y Ecuador termina con la heladera vacía), el aire cambia. Porque esa clase de personajes no son “un nombre”: son una llave inglesa. Algo que siempre está en el lugar donde se rompen cosas, y que mágicamente encaja en tu problema justo cuando te conviene. Los ves y entendés que no estás leyendo política: estás leyendo logística.



Mientras tanto, Suiza haría lo que Suiza hace cuando huele pólvora con perfume: ponerse los guantes blancos, abrir el freezer bancario y decir “por las dudas, esto queda inmóvil”. Sería el equivalente diplomático a meter un lingote en formol y etiquetarlo “NO TOCAR: PUEDE MORDER”. Ese gesto no grita, no insulta, no amenaza: congela. Y el congelamiento, en el mundo real, es la forma más educada de decir “te vimos, te olimos, y ya te estamos inventariando”.



Ahora, lo que sí me parece imposible de negar (y no hace falta decirlo con bandera) es que si el régimen realmente se cae, Venezuela podría respirar. No por magia, no porque el mundo se volvió bueno, sino porque cuando se te va de encima una estructura que te asfixia durante años, el aire entra igual. La salida de gente que se vio por todos lados no se explica con teoría: se explica con cuerpo. Con familias que se van. Con gente que huye. Con vidas puestas en pausa. Si el show termina, aunque sea un poco, aunque sea por etapas, se abre una chance real de recomposición cotidiana: que lo básico deje de ser una misión suicida.



Por eso este rumor cripto funciona tan bien como episodio: porque mezcla dos cosas que conviven perfecto. La esperanza real de una vida menos insoportable… y la maquinaria mundial intentando cobrar, ordenar, congelar, negociar, inventariar. Una mano te da aire; la otra te pide el recibo.





Si querés seguir estos episodios sin comerte el humo como si fuera incienso, venite a loquearde.net/blog

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